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Exodo:
3.1/5
Moisés
desde pequeño fue librado a un mundo muy distinto al de su pueblo.
Su madre lo crió y educó hasta que fue un niño, para luego, después de
entregarlo a las aguas del mundo de Egipto, prohijarlo la hija del
Faraón. Este pequeño niño, después de recibir todo el afecto de sus
progenitores, fue desprendido de estos para ir a un universo totalmente
desconocido, llevando consigo, los traumas que este desprendimiento e
inserción producen.
Desarraigado de su hogar. Sólo. Hoy diríamos, ¡criado a la buena de
Dios!.
Por descendencia, hebreo, y por lo tanto parte del pueblo de Dios; pero
por crianza y adopción, parte del mundo de Egipto con su multitud de
dioses.
Este
Moisés, sin conocer su destino, a una edad ya no tan joven, (cuarenta
años) tuvo que escapar de las manos de aquellos que lo habían acunado,
llevando consigo la condena a muerte por el crimen que había cometido.
Un Moisés, que después de participar de todo el esplendor de Egipto y
haber gustado de sus placeres, tenía que alejarse como un convicto.
No tenía hogar donde recurrir. Despreciado y acusado por los de su
mismo pueblo, como también, perseguido por los de Egipto que notaban en
él algo distinto, ya que si bien pertenecía al entorno de ellos, sabían
que no estaba del todo con ellos.
Moisés, un conflictuado. Casi diría que pesaban aún sobre él, sus
grandes temores y frustraciones. Pienso que su "tardo para hablar",
que nos dice la Biblia, no era porque conocía pocas letras, toda la
cultura de Egipto estuvo a su disposición, sino que creo, que era
tartamudo por las presiones y las pruebas que le sobrevinieron en su
niñez y adolescencia.
Cuantas veces no habrá dicho: "Dios mío, Dios mío, mi madre me
enseñó que tú eres el verdadero Dios. Pero ¡qué... de esta multitud de
dioses? ¿Cuál es la verdad?". Cuantas veces habrá pensado, "Quizá
si hubiese muerto como tantos niños de mi pueblo, hoy, no estaría
pasando todo esto, ¿porqué este destino?”.
Diversas pruebas vinieron a su vida después de estar cuarenta años en
Egipto. Pero también otros cuarenta años más estuvo como un cuidador de
rebaños, casi sin esperanza, dejando correr el tiempo.
"¿Que
haces Moisés?”
Le preguntaban los otros pastores cuando se cruzaban con él, mientras
pastoreaba las ovejas de su suegro en la zona de Madián,:
"¡viviendo...!” Respondía, “¡dejando pasar los días y haciendo lo
que tengo a la mano hacer!".
Pero un día. Un cierto día
que para él sería aparentemente como cualquier otro, nunca se imaginó
que Dios lo estaría esperando.
¿En donde?. ¿En la
Iglesia?... No.
¿A través de las palabras
inspiracionales de su suegro, sacerdote de Madián?...No.
¿Después de largas oraciones
y vigilias de la noche? No, si bien... ¿quién escudriño sus noches?.
¿En la plenitud de su
juventud?... No.
¿Dónde entonces?.. ¡En el
desierto!.
¿Como?... ¡solo!,
¿Haciendo qué?... ¡la
rutina de todos los días!.
En
medio de un desierto que
él
conocía
muy bien. Allí, nada
inspirado,
tuvo un encuentro con el Dios vivo.
La llama en la zarza estaba ardiendo y es llamado por su nombre dos
veces, ¡Moisés... Moisés!.
Fue
llamado dos veces. Dios siempre nos da una segunda oportunidad y al
segundo llamado por su nombre él respondió “¡Heme aquí!” y a partir
de allí fue para siempre cautivo de una voz. ¿Sabes lo que es ser
cautivo de Su Voz.
Sólo
después de responder “heme aquí”, recién Dios le habló para decir
lo que debería hacer.
Este
Dios es diferente. Es único. Es incomparable, no se le puede encerrar y
no le viene bien una escultura, imagen o cuadro.
Todo lo que intenta duplicar
a Dios fracasa. El hombre relaciona o
quiere relacionar a Dios con algo visible. Ese Dios que se identificó
con Moisés, ese Dios que hablaba con él era un Dios personal, un Dios
de relaciones, un Dios de personas.
Pero
Abraham, Isaac y Jacob, que decían tener relación con ese Dios
diferente, ¿eran una clase diferente de personas?. El pueblo ¿era una
clase diferente de pueblo?. ¿Eran mejores que otro pueblo?. ¿Eran una
raza especial?. ¿Distintos?. ¿Eran únicos?. ¿Incomparables?...
¡RAZONEMOS CON ENTENDIMIENTO SEÑORES, UN DIOS PERFECTO NO ESCOGE UN
PUEBLO IMPERFECTO!.
Pero Abraham vivía con una
civilización pagana. Isaac fue un hombre pasivo mas que activo y Jacob,
bueno... ya
sabemos todos quién fue Jacob, un engañador.
Todos
ellos tenían, grandes defectos de carácter, y en el caso que nos ocupa,
Moisés, un asesino.
DIOS NO
ESCOGIÓ A AQUELLOS HOMBRES PORQUE FUERAN DIFERENTES. LOS ESCOGIÓ Y LUEGO
LOS HIZO
DIFERENTES. ¡ALELUYA!
No
fueron escogidos porque fueran grandes, fueron escogidos... y luego
fueron hechos grandes.
¡DIOS ES
EL GRAN DIFERENTE ...!!!
A los
hombres les gusta hacerse Dioses. Algunos de madera, otros de piedra, de
metal, de plástico, de carne, para luego ponerles el nombre que quieren;
auto, televisor, casa, sueños, hijos, políticos, dones, artistas,
Ministerios religiosos.
A Dios
por el contrario le gusta hacer siervos grandes en Dios, de gente común.
Hombres
fuertes, de gente débil.
Gente
conocida en los cielos, de hombres y mujeres desconocidos.
Hombres
y mujeres santas, de gente no santa.
Abraham,
Isaac, Jacob, Moisés, José, y sigue la lista de hombres y mujeres que
podría mencionar como ejemplos, son personas que DIOS OBRÓ EN SUS
VIDAS. LOS SACÓ DE LA NADA, PARA CONVERTIRLOS EN ALGUIEN CONOCIDOS PARA
ÉL.
Dios se relacionó siempre con
personas imperfectas.
No hay
otra clase de personas para Dios. Gente como Ud. ó como yo. Gente a
la cual Dios ama a pesar de las imperfecciones, y luego las hace
diferentes.
Dios se relaciona con
personas vivas.
Con hombres y mujeres comunes que Él puede cambiar.
Aquellos
que estaban muertos pero hoy viven.
Así
como comenzó con un Moisés y otros, El también lo hizo en muchos de
nosotros.
¿Cómo?
Con la mirada puesta en DIOS DE LA SEGUNDA OPORTUNIDAD. Una confianza que convirtió a un fracasado en un ganador, a un
incrédulo en amigo de Dios, un desposeído, como el hombre más rico de la
tierra. Amados, hoy delante de Uds. tienen la gran oportunidad de dejar
todo atrás y proyectarse hacia delante con una fe ciega en aquel que
puede hacer todas las cosas nuevas. Romper yugos, soltar cadenas, cortar
herencias, y a partir de hoy por la gracia incompresible de su
misericordia, tomar de la nada a aquellos, que como Moisés son
desconocidos para el mundo que los rodea, y hacer de lo que aún les
queda por delante, hijos del altísimo que sirvan al Dios verdadero,
sabiendo que por medio de la sangre preciosa de su Hijo nos hizo mas
que vencedores en todas las cosas.
Lo que
necesitaba Moisés, y lo que todos necesitamos en medio de las
experiencias incomprensibles y desconcertantes de la vida, no es una
explicación, sino poder escuchar “la voz que nos hace prisioneros de Su
amor”. Aún la muerte no pudo retener a Lázaro en su tumba ante el pedido
de “esa voz” que reclamaba vida y una segunda oportunidad para el que
estaba muerto.
No
busques una explicación y un porqué.
Apóyate y descansa confiadamente en el DIOS DE LA SEGUNDA
OPORTUNIDAD.
Nuestro Dios es Dios de segundas oportunidades.
Si no
puedes creerlo, sólo te pido que levantes tus ojos y mires.
Allí está
¿la puedes ver?
Es una cruz, es la
eterna segunda oportunidad
de todos los hombres, y sobre ella un cordero.
El
Cordero de Dios que siempre nos permite que haya para todos nosotros,
segundas oportunidades.
Pr.
JUAN CARLOS FARIA |