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Quisiera
hablar en este tiempo de uno de los males más grandes de esta época. En parte lo
conozco, pero en mayor parte le desconozco. Ha afectado a la iglesia como tal,
y también a muchos de cada uno de nosotros en particular, entre los cuales, mi
incluyo.
Cuando
El Espíritu de Dios habló esta palabra a mi corazón, me hizo saber que debido a
las circunstancias que Él estaba permitiendo venir sobre esta tierra, este
tremendo mal, había afectado no solo a los mayores, sino también a jóvenes y aún
niños.
Para
poder mirar este tema he elegido a uno de los más grandes profetas de todos los
tiempos, el cual no vio muerte, por lo menos, como nosotros entendemos de la
muerte.
Pero
antes de comenzar a desarrollarlo, quisiera resaltar que el Espíritu Santo
conoce tus bajones, él sabe de esos estados del alma en los que muchas veces
entras.
No
quieres ni tienes ganas de orar.
No
quieres congregarte.
No
quieres gracia.
No
quieres leer la Biblia, ni aún, que te hablen de Dios.
Cuando
tu corazón “no quiere” es porque allí hay depresión, hay un bajón, hay un
sentimiento negativo, hay algo allí que te está trabajando.
El
libro de 1° Reyes 19 verso 4 “Y Elías se fue por el desierto un día de camino, y
vino y se sentó debajo de un enebro deseando morirse..”
Este
pasaje nos muestra que, generalmente en medio de nuestra angustia, nos parece
que ya no servimos para nada. Que todo a nuestro alrededor se oscurece, y que ya
no vale la pena emprender cualquier cosa que tenga un buen futuro.
Tomar
decisiones en los momentos de angustia, tristeza o desaliento quizás nos lleve a
un final que no pensamos ni deseamos. Dios sabe, que esos momentos no son para
tomar decisiones.
Pero si
jamás en realidad nos deprimiéramos, sería señal de que no estamos vivos. Sólo
las cosas inertes están exentas de depresión. Sólo aquello que está caído, puede
ser levantado. Sólo aquello que fue humillado, puede ser exaltado.
Si
tratamos por nosotros mismos de vencer la depresión, en una auto examinación,
sólo logra hacerla más profunda.
Entonces, ¿Qué
es en verdad una depresión?.
Es un
sentimiento de fracaso.
Es sucumbir,
es renunciar, es ser llevado por la prueba, el miedo, el problema y el dolor ¿a
dónde?... a la postración.
El depresivo
pierde fuerza emocional, pierde interés por la iglesia, por la familia, por la
vida. El depresivo es apático y también conflictivo.
¿ Pero
dónde, cuándo y cómo comienza la restauración de Dios en nosotros?
David dijo en
el Salmo 34:19. “Muchas son las aflicciones del justo. Pero de todas ellas le
librará Jehová”.
Quisiera
observar algunos puntos, no dudando que puede haber muchos mas, de cómo Dios le
ayudó a Elías a superar esa depresión.
El primero de todos es:
¡DIOS! siempre
primero DIOS!.
Él interviniendo por sobre las cosas.
Cuando
Dios vio a Elías deprimido, ¿Qué hizo? Envió un ángel, Dios intervino no dejando
abandonado a su profeta, a su hijo.1 Reyes 19:5.
Pero
observa. No envío cualquier Angel, sino el ángel de Jehová. El Señor Jesús
mismo según podemos llegar a entender por otros pasajes.
Como
verás; en este caso la restauración comienza debajo de un árbol y durmiendo.
¿Quieres algo más natural?
Quizás
pensemos que una restauración de Dios debe venir con señales y manifestaciones
celestiales y tremendas. Sin embargo Dios comienza la restauración de Elías de
una manera un poco increíble para nosotros, repito, “debajo de un árbol y
durmiendo”.
No le
trae una visión. Tampoco le explica las escrituras para hacerle entender
ninguna cosa destacable, aparentemente utiliza solo algo vulgar y cotidiano
como es levantarse y luego comer. Le dijo: “...levántate y come... deja de
comer esa comida de tu alma que esta llevando tu vida a la muerte, y come de la
comida que yo he preparado”.
De
manera que lo primero que hizo Dios fue proveer a sus necesidades físicas, pero
de una manera milagrosa.
Dios
permite que descanse. El viaje había sido y sería largo.
Luego
lo despierta de su condición para que sepa cuan débil es en sus propias
fuerzas; pese a que es, el mismo hombre por cuya oración Dios movió los
elementos e hizo llover.
Es el
mismo hombre que mostró el poder de Dios ante los profetas paganos de Baal y que
luego corrió largos kilómetros delante de su rey para demostrarle su lealtad y
servicio. Pero también es el mismo que ahora se esconde de la ira de una mujer y
cree, que es el único fiel a Dios
Es
interesante ver lo que hizo el ángel. Sólo lo tocó. Ese fue un toque de ternura,
de apoyo, de ayuda, de solidaridad. Cuando Elías sintió el toque del ángel su
ánimo comenzó a subir.
Luego lo
despertó y le proveyó. Vea que no sólo le despertó para demostrarle su
condición, sino que también proveyó para Él la solución y la dirección.
Dios no
sólo nos recuerda lo que somos, sino que también provee la respuesta a nuestra
condición. La ternura es medicina efectiva para un deprimido. Entiéndase bien.
Digo ternura de Dio. No compasión ni auto compasión humana.
El Angel expresó: “Elías levántate”. La voz del mensajero lo superó. Un
deprimido detesta que le repitan su situación, porque eso le acelera el
tormento.
Pero
éste que estaba delante de él, era Aquel que al impartirle la orden, también
infundió con ella el poder de la fuerza para poder cumplirla.
El Angel lo alimentó: “¡Come!”. Un deprimido se niega a comer, porque su
meta es morirse.
La
comida nutre el organismo y esto es lo que necesita un deprimido. Pero sabes, no
pasa solamente por la comida física, la cual seguro levantará nuestro cuerpo,
primero deberá alimentar tu alma, tus emociones.
Cuerpo,
pero también alma y luego, tu espíritu encontrará un tabernáculo perfecto para
seguir cumpliendo el propósito que Dios te encomendó. Si las dos primeras no
están bien, tarde o temprano el espíritu no encontrará un buen canal para poder
fluir.
Elías
comió y bebió y volvió a dormirse. Los síntomas de la depresión comienzan con
fatiga y apatía. El descanso es vital para el deprimido, porque la depresión
mental es una consecuencia de la depresión física. Y viceversa. Cuando el cuerpo
descansa bien, la mente trabaja efectivamente.
Luego que comió la primera vez el ángel le dijo: “Elías, levántate y come porque
largo camino te resta”. ¿Qué hizo ahora el Señor? Lo proyectó hacia el futuro,
“largo camino te resta”, algo queda todavía para hacer.
Un
deprimido cree que ya lo ha hecho todo en su vida. Elías se creía acabado. Pero
Dios lo proyectó con su mañana, con su deber, con su responsabilidad, con su
ministerio.
Luego de
caminar y caminar cuarenta días y cuarenta noches llegó al Monte Horeb, el Monte
de Dios. Y allí metido en una cueva le llega la pregunta de parte del Señor:
¿”Qué haces aquí Elías”?. Esta pregunta le dio a Elías un sentido de
existencia, de vida. ¿”Por qué estas tú, en este lugar”?
Esta
pregunta sacudió la conciencia del profeta. Esto lo inquietó, lo confrontó con
su trabajo.
Elías
después del enebro se metió en una cueva.
Observa
a dónde fue a parar uno de los mayores profetas de Dios.
Del
monte Carmelo al desierto, y del desierto a una cueva.
El Señor
le dijo: “¡Sal fuera”!.
Dios
quería sacar al profeta de su estado depresivo. Dios quería cambiarle “el
ambiente”. El problema de un deprimido es el encierro rutinario. Es ese
escondrijo en que vive. Son esas cuevas oscuras. Son esos deseos frustrados.
Elías
pensaba que ese era el mejor lugar donde Dios podría revelarse. ¿Acaso no era el
famoso Monte Sinaí de Moisés?. ¿No era el monte de la revelación?. ¿No era la
cueva donde Dios había escondido al libertador de su pueblo cuando salieron de
Egipto, y pidió ver la Gloria del Señor?.
Delante
de éste profeta comenzaron a pasar los distintos moveres de Dios. Viento,
terremoto y fuego, todos provocados por El Señor. Pero no era esto lo que él
estaba buscando, ni tampoco lo que Dios le quería revelar.
Esto
pertenecía a Dios, pero era pasado, él quería “lo nuevo de Dios” para su vida.
Después
del fuego, un silbo apacible conmovió todo su ser. Investigaciones mas recientes
sobre la traducción de la palabra silbo apacible, revelan que debería
traducirse, “como el sonido del silencio” o sea, sin ningún tipo de
manifestación. Plena quietud.
Sólo el
hablar de Dios al corazón del hombre.
La gran
soledad había sido una de las causas de la depresión. En la soledad, la mente
divaga mucho. El pensamiento inventa miles de cosas que no son. La mente
construye miedos, mentiras, monstruos, fantasmas.
Y el silencio
habló. Dios, le mostró que si bien hasta ese tiempo él había sido el gran
profeta, ahora lo preparaba para el mayor ministerio que nunca había imaginado.
Ser un vaso que ungiría a otros, que prepararía a otros para el supremo
propósito del Señor en la tierra, que es: “EL QUE SE HAGA Y CUMPLA SU VOLUNTAD”.
Comprendió que
si bien Dios le había dado la llave de los cielos para que la lluvia
respondiera a su voz, el fuego descendiera del cielo sobre el holocausto, y el
aceite y la harina de la viuda no mermara, sin embargo no podía, no podía, ¡NO
PODIAAAAA...! pese a su gran ministerio, cambiar los corazones de los hombres.
Saben amigos,
Elías era aquel que podía decir: “Sirvo al Dios en el cual estoy en su
presencia”. “No habrá lluvia hasta que yo lo diga”. “Por mi boca abro los
cielos, y por mi boca cierro los cielos, tal es la comunión que yo tengo con mi
Dios”.
Por medio de
Elías, no menguó el aceite, ni la harina de la viuda.
Por medio de
Elías se lleva a cabo la primera resurrección de una persona.
Por medio de
Elías fuego descendió del cielo.
Pero el
profeta deprimido tenía un clamor:
“¡Dios mío, los hijos de Israel han
dejado tu pacto, derribado tus altares, matado a tus profetas, y yo sólo he
quedado con el celo antiguo por tus valores, y sumado a ello, la muerte me busca
para hacerme desaparecer!. De que sirvió creerte. De que sirvió guardarme. De
que sirvió predicar tu palabra. De que sirvió ir contra la corriente del mundo.
De que sirvió ser oprobió de todos, si de igual manera no puedo cambiar el
corazón de tu pueblo ”.
Pero el Señor
le contestó en esta cierta forma
“Estás equivocado amado varón. Tengo
aún mucho trabajo para ti, si bien todavía té queda un desierto; pero cuando
llegues al lugar que Yo te envío.
¡ Oye bien... qué Yo te
envío!
Comenzará en ti,
el ministerio nuevo de la unción que tengo preparado para esta nueva etapa de tu
vida. Prepararás a otros con Mi Unción, para que estos cumplan mis propósitos. Y
tranquilízate... varón, ¡el hombre no puede, los profetas no pueden, los
ministerios no pueden, pero oye... Yo haré, ¡Yo haré!. ¡Yo haré, que queden en
mi pueblo! Siete mil. Hombres, mujeres, jóvenes, niños. Tengo
aquellos cuyas rodillas no se doblaron, ni sus bocas besaron al Dios de
este mundo”.
El Señor le
estaba diciendo:
“No estás
sólo, tengo preparados a otros. Mi propósito en este tiempo será cumplido no
sólo por un hombre o mujer muy especial. Ya no estará en la mano de uno sólo.
Tengo reservados a otros, que aún cuando venga mi unción; mi manto sobre ellos,
cumplirán mi propósito en esta tierra”.
“Tengo preparado un
tabernáculo (mi cuerpo) de hombres y mujeres, los cuales unidos firmementes en
mi amor, llevarán adelante la manifestación de mi persona en gloria en la
tierra. Ahora ve a ellos a prepararlos. Mi unción está contigo, te doy la orden
y con ella las fuerzas para que cumplas tu gran comisión. El manto todavía sigue
contigo y aún las aguas, que significan las oposiciones de las cosas este mundo,
se partirán delante de ti, para entrar en aquello que ojo no vió, ni oído oyó y
que Yo tengo preparado para aquellos que me aman”.
Amado, estás
deprimido. ¡Síntoma de que estás vivo!.
Estas abatido,
¡serás levantado!.
Ahora come el
Pan del cielo que el te ha preparado y bebe de sus aguas que harán que nunca
vuelvas a tener sed.
Oye la voz de
Su silbo apacible hablando a tú corazón, es tiempo de salir de tú cueva.
¡Grandes cosas
te esperan!.
JUAN CARLOS FARIA |