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La cabeza piensa, partiendo de donde nuestros pies están pisando.
¿Porque es tan importante donde nuestros pies pisan? Ya lo verás
después.
Para comprender a los demás, es esencial
conocer el lugar social de quien sé está observando o evaluando. Este
lugar social no solo lo marca su condición de donde vive o quien es,
sino también, con quién convive, que experiencias tiene, a que se
dedica, que deseos alimenta, como asume los dramas de la vida y de la
muerte, y que esperanzas o desafíos lo animan.
Para entender cómo
es alguien, y que deseos esconden su corazón, ES NECESARIO SABER CÓMO
SON SUS OJOS Y CUÁL ES SU VISIÓN DE SU MUNDO; porque cada uno lee y
actúa en la historia de esta vida, de acuerdo a los ojos que tiene. Ya
que comprende e interpreta, a partir del mundo que habita.
POR LO
TANTO, ES SIEMPRE MUY BUENO RECORDAR QUE TODO PUNTO DE VISTA, ES SIEMPRE
LA VISTA DE UN PUNTO.
Con estas bases, quisiera contar la
historia de un águila, criada como gallina.
Esta historia
deseo que sea comprendida como una metáfora de la condición humana. Cada
uno la interpretará y la comprenderá, según
sean sus ojos y el suelo que pisan.
Deseo en verdad,
que el águila que pueda estar sepultada en ti ¡despierteee..!, gane
altura, y amplíe los horizontes de la lectura de tu propia vida y
revelación para lo cual fue creada.
Esta historia no es
mía, sino que pertenece a un educador llamado James Aggrey, el cual era
natural de Ghana, pequeño país de Africa occidental, y quizá ya es
conocida; pero me he permitido el agregado de mucho más diálogo en los
personajes, el que fue extraído de mí propia experiencia, para darle el
propósito que he deseado, y hacerla de manera especial para todas las
águilas criadas como gallinas.
En realidad en lo personal ya hace mucho
tiempo que comencé a interesarme por el mundo de las águilas en forma
exhaustiva, si bien hacía mucho más que ese tiempo, que había en mi
corazón un deseo de investigar sobre ellas, a tal punto fue esto, que
conociendo mi esposa este interés, me regalo un hermoso adorno que tiene
un águila dorada en pleno vuelo el cual fue el inicio de la obtención de
otros objetos que tenían como distintivo, un águila.
Las águilas hacen
sus nidos en lo alto de las montañas o montes, en hendiduras de peñas
bien abrigadas, o en las puntas mas elevadas de árboles, allí donde
nadie puede llegar.
Ellas, siempre son
cuidadosas en la construcción de su hábitat.
El casal de águilas, o sea, la pareja,
mantiene una relación de pareja y fidelidad para toda la vida. Juntos
cazan, juntos construyen el nido, juntos incuban los huevos, y juntos
buscan el alimento para los pichones. Y también algo extraño, así como
es entre los humanos, sus relaciones amorosas no se limitan sólo para
reproducirse, sino la realizan en toda época del año, como una expresión
de compañerismo amoroso.
Pero entrando ya en la historia, quiero
contarles que había una vez un pequeño polluelo de águila que debido a
un sacudón producido en las alturas, una roca se desprende de la parte
mas elevada del monte, y hecha a rodar por el piso a este pichón, que
queda muy mal herido.
Era una tarde que ya estaba llegando a su fin de un verano muy caloroso.
Un embalsamador que volvía de su caminata diaria por el lugar, se
encuentra de pronto con este pichón de águila herido en todo su cuerpo,
ya que la caída de lo alto había sido grande.
Parecía muerta.
Recogiéndola con cuidado pensó: “Voy a llevarla para que, luego de
muerta pueda embalsamarla, ya que es un ejemplar casi en extinción”.
Su alma se llenó de pena por ella ya que estaba próxima a su fin.
Llegando a su casa la colocó tiernamente debajo de una cesta, y se dijo
un poco resignado: “Mañana voy a embalsamarla,
¡aunque pequeña, va a ser un ave soberbia que llenará de grandeza
cualquier salón! ”.
Al día siguiente tuvo una grata sorpresa.
Al retirar la cesta, percibió que el águila se agitaba levemente.
Las garras todavía
nuevas, estaban cerradas. Mirándola mejor, pudo confirmar que tenía
heridas en varias partes del cuerpo, pero además, compobró con sorpresa
que el águila estaba ciega.
Nuevamente sintió mucha pena por la joven
águila y no quiso sacrificarle. Pensó en darle una oportunidad más, y a
partir de allí, comenzó a prodigarle muchos cuidados y cariños.
Ella, sin embargo, reaccionaba poco. No
buscaba comida, ni andaba. Como se la ponía, así quedaba.
SIN LUZ, Y SIN EL SOL AMANECIENDO SOBRE
SUS OJOS, ¡EL AGUILA NO ES AGUILA.!
Todo los días, el embalsamador le
cortaba trozos de comida y la alimentaba con dificultad, ya que ella no
quería comer. Su caída había sido grande y sus heridas profundas.
Después de un tiempo bastante prudencial,
este embalsamador percibió que los sentidos del águila despertaban a la
vida. Los oídos reaccionaban a la presencia de aquél que la alimentaba
moviendo sus alas y estirándolas alegremente.
Después, comenzó a moverse por sí misma.
Por fin recuperó su propia voz, y comenzó a emitir el clásico sonido del
águila: Ya se podía escuchar claramente su típico kau-kau
Andaba ya por la casa y aún por el
jardín, aunque tropezaba continuamente ya que, lamentablemente seguía
estando ciega.
Los ojos, son todo para el águila. Su
mirada penetrante ve ocho veces más que el ojo humano.
La retina de su ojo trabaja en parte
monocular cuando se orienta a cosas cercanas, y es binocular en las
cosas lejanas.
Ven y controlan todo, porque pueden girar
su cabeza 180 grados. Distinguen el hocico de un conejo que espía desde
su cueva, a mas de 1600 metros de distancia.
Pero continuando
con la historia, por fin, el embalsamador decidió colocarla junto.... a
las gallinas ya que veía que estaba un poco mejor.
¡¡¡PERO... UN
AGUILA NO ES UNA GALLINA....!!!
Aunque no se puede
dejar de reconocer, que la gallina, puede provocarla para que por lo
menos viva. Y así fue como la joven águila, siguió siendo criada con
las gallinas.
Durante mucho
tiempo circulaba entre ellas, ciega y siendo alimentada por aquel que le
salvó la vida.
Se le hacia difícil
poder caminar, ya que sus patas, no fueron hechas para andar mucho por
esta tierra. Picoteaba aquí y allá como hacen las gallinas, pero sin
poder ver.
Pero sucedió que,
un bello día, el embalsamador se dio cuenta de un milagro. El águila
veía. ¡Si veía!, ya comenzaba a distinguir los alimentos. Sus
ojos eran enormes.
Al fin el águila,
se recuperó totalmente. Ya estaba curada y perfecta.
Después de varios
meses de paciente cuidado, recuperaba su cuerpo de águila.
Aunque, había
ocurrido algo; a fuerza de vivir con las gallinas “se convirtió” ella
también en gallina. Vivía como las gallinas, picoteaba como las
gallinas, dormía en el gallinero.
El embalsamador de
aves, ocupado en su oficio de embalsamar aves, ya se había acostumbrado
a ver al águila - gallina entre las demás gallinas, por lo que se
olvidó de ella.
El águila había
recuperado su cuerpo, pero le faltaba recuperar algo más, su
corazón...., ¿habría perdido su corazón de águila?.
Cierto día, sobrevoló el gallinero un
Aguila espectacular, se diría la más imponente de todas las Águilas. Al
percibir el agitar de las alas en el cielo, la naturaleza del águila en
el gallinero, se conmovió.
El águila - gallina estiraba las alas,
sacudía la cola y ensayaba pequeños vuelos. El sol comenzaba despertar
en sus ojos. Su corazón de águila volvía a latir poco a poco.
Cada vez que
ésta Majestuosa Aguila revoloteaba el gallinero, su corazón de águila se
agitaba un poco, pero enseguida.... volvía a su
segunda naturaleza de gallina.
En ese momento, el
embalsamador comenzó a darse cuenta de esas pequeñas señales.
Se dijo así mismo:
Un águila siempre es un águila. Ella posee una naturaleza distinta.
Tiene alturas
dentro de sí. El sol habita en sus ojos. Está hecha para el cielo
abierto. No puede quedarse aquí abajo en la tierra, presa en el suelo,
como las gallinas.
Pasado el tiempo,
el embalsamador recibió la visita de un pastor de ovejas muy amigo.
Conversaron sobre
las aves de la región y fueron a observar a aquella águila convertida en
gallina.
El pastor
reiteró lo mismo: “ ¡El águila jamás será
gallina. Ella posee un corazón y éste, es de águila. Este corazón la
hará volar. Ella debe ser plenamente águila!”.
Allí mismo
decidieron hacer una prueba. El embalsamador protegido por un cuero que
le cubría todo el brazo tomó al águila, la posó sobre él, y animado por
el amigo pastor le habló con voz imperiosa diciéndole:
“¡Aguila usted nunca dejará de ser águila!. Ud. ya
sobrevivió a tantas desgracias, a tantas heridas. Ud. creció. Ud.
recuperó un día sus ojos, y hoy puede ver. Ud. está hecha para la
libertad y no para el cautiverio. Entonces.... extienda sus alas y vuele
hacia lo alto!”.
El águila parecía atontada por la orden y
no hizo ni siquiera un movimiento. Al mirar alrededor de sí, viendo las
gallinas comiendo mijo, se dejó caer pesadamente del brazo y se sumó a
ellas.
Alentado por
el pastor, que le decía: “Un águila tiene
dentro de sí un llamado del infinito. Su corazón siente los picos más
altos de las montañas. Por mas que sea sometida a condiciones de
esclavitud, nunca dejará de oír su propia naturaleza de águila, que la
convoca a las alturas y a la libertad”.
Al día
siguiente, tomó al águila sacándola del gallinero. Y nuevamente
poniéndola sobre su brazo le volvió a decir, ya ahora en la terraza de
su casa. “Aguila Ud. será siempre águila,
¡despierte de su sueño, por favor!. Libere su naturaleza hecha para las
alturas. Deje que el sol nazca dentro de Ud. Abra las alas y vuele”
El águila... bueno,
el águila parecía aún más tonta y distraída que antes frente a palabras
tan conmovedoras.
Miró otra vez
hacia abajo; vio a las gallinas picoteando el suelo, bebiendo de las
aguas de la tierra, y pese a que el embalsamador la arrojó desde la cima
con la esperanza que volase, nuevamente se dejó caer pesadamente,
volando, apenas unos metros.
Esta acción fue reiterada varias veces
con gran paciencia pero, no hubo caso.
Después de un
rato se dijeron. “Efectivamente, por lo visto
en ésta gallina - águila, la gallina parece triunfar”.
Pero al otro día, el pastor recordó la
importancia del sol en los ojos del águila. ¡Ella es hija de una luz
mayor recordó!.
A las águilas desde
pichones, sus padres les enseñan a absorber toda la luz del sol por
medio de los ojos, y es acostumbrada, al resplandor de la luz mas fuerte
que se puede recibir en esta tierra, la del sol.
Se dijo, ¿será
solamente este sol el que acaso le devuelva la identidad
perdida, y quien reanime su corazón adormecido?.
Al día siguiente,
bien temprano, se levantaron antes que saliera el sol.
Parecía ser un
amanecer espléndido.
Una hilera de
montañas se destacaba contra el fondo rojo del cielo y ya los primeros
rayos, doraban la cima de las rocas.
Hacia allá se dirigieron el embalsamador
y el pastor, llevando consigo al águila - gallina.
Cuando llegaron a lo alto, el sol ya
despuntaba. Los rayos eran dulces y bañaban con su luz armoniosa todo
el lugar.
Esta vez fue el pastor el que tomando
fuertemente al águila y ante la mirada atenta y confiada de su amigo le
dijo:
“Aguila
Ud. es amiga de las montañas e hija de la luz, yo se lo suplico,
despierte de su sueño. Es su tiempo revele su fuerza interior, reanime
su corazón en Ud. y póngalo en contacto con las alturas.
Abra las alas
que les fueron dadas y vuele hacia las alturas”.
El águila se mostró
sorprendentemente alterada, parecía “volver en sí después de un largo
tiempo de olvido”. Miró a su alrededor. Vio las montañas y se estremeció
en su interior. Pero aún, todo su ser parecía paralizado.
De repente, como guiado por un impulso
que venía mas allá de sus fuerzas, el pastor tomando fuertemente con sus
dos manos al águila, la sostiene por la cabeza en dirección hacia la
potente luz que venía de lo alto y era irradiada por el sol.
¡Los ojos del
águila se iluminaron. Un brillo espectacular destelló sobre ellos!.
En ese
instante con voz fuerte el pastor le dijo:
¡AGUILA USTED
NUNCA DEJO DE SER AGUILA USTED PERTENECE AL CIELO, NO A LA TIERRA!.
¡MUESTRE AHORA
QUE USTED ES EN VERDAD UN AGUILA!.
¡ABRA SUS OJOS
BEBA DE LA LUZ, EXTIENDA SUS ALAS!.
¡¡¡
AAAGUILAAAAAAA....... VUELEEE, VUELEEE....!! ”.
Repentinamente el águila se irguió
soberbia sobre su propio cuerpo. Estiro su pescuezo hacia el frente y
hacia arriba como para medir la inmensidad del espacio.
Todo su plumaje tomó un brillo especial
iluminado por el sol que daba sobre todo su ser; y extendiendo sus alas
majestuosamente, voló en dirección hacia la luz más brillante.
Tomando las corrientes del viento,
aprecio su naturaleza distinta, y conmoviéndose en su interior por su
visión de luz que la atraía…. Subió, subió y subió en pos de esa Luz
mayor que encendió todo su ser.
Entendió que su corazón había sido
llamado para estar en las alturas. Que la Luz en sus ojos es todo y
que, en las alas del viento que no sabe de donde viene y a donde va,
podía ser llevada a la verdadera libertad.
Y transitó una senda que nuca ave
recorrió. Y al llegar y cruzar los portales de Luz de un cielo nunca
visto e imaginado, bajo sus alas, y reposando todo su ser, figura de
hombre tomó.
Y recién allí vio unos brazos… como
enormes alas que estaban bajos sus pies y “conoció que, pese haber
sido encontrada en tierra desierta, El Señor la rodeó, cuidó de ella y
la guardo como a la niña de sus ojos. Como águila que excita su nidada,
revoloteando sobre sus pollos, así El también extendió sus alas, la tomó
y la llevó sobre sus plumas. La hizo subir sobre las alturas de la
tierra...” Dt. 32: 11-13.
Y esa Luz mayor que fue el atraer de su
visión en todo su recorrido, la cubrió, tornándose ya, en su vestidura.
Después de acontecido esto, aquellos que
transitan esos “montes” y valles, dicen ver una silueta semejante a la
de un águila en vuelo y oír el reverberar de una voz que nos cesa de
decir día y noche:
“Santo, Santo, Santo, es El Señor Dios
todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir”
Apocalipsis 4: 7-8
JUAN CARLOS FARIA |