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Pastor J. Carlos Faria


 

L A   H I S T O R I A   D E L   A G U I L A  -  G A L L I N A

 

  
La cabeza piensa, partiendo de donde nuestros pies están pisando
. ¿Porque es tan importante donde nuestros pies pisan? Ya lo verás después.

Para comprender a los demás, es esencial conocer el lugar social de quien sé está observando o evaluando. Este lugar social no solo lo marca su condición de donde vive o quien es, sino también, con quién convive, que experiencias tiene, a que se dedica, que deseos alimenta, como asume los dramas de la vida y de la muerte, y que esperanzas o desafíos lo animan.

Para entender cómo es alguien, y que deseos esconden su corazón, ES NECESARIO SABER CÓMO SON SUS OJOS Y CUÁL ES SU VISIÓN DE SU MUNDO; porque cada uno lee y actúa en la historia de esta vida, de acuerdo a los ojos que tiene. Ya que comprende e interpreta, a partir del mundo que habita.

POR LO TANTO, ES SIEMPRE MUY BUENO RECORDAR QUE TODO PUNTO DE VISTA, ES SIEMPRE LA VISTA DE UN PUNTO.

Con estas bases, quisiera contar la historia de un águila, criada como gallina.

Esta historia deseo que sea comprendida como una metáfora de la condición humana. Cada uno la interpretará y la comprenderá, según sean sus ojos y el suelo que pisan.

Deseo en verdad, que el águila que pueda estar sepultada en ti ¡despierteee..!, gane altura, y amplíe los horizontes de la lectura de tu propia vida y revelación para lo cual fue creada.

Esta historia no es mía, sino que pertenece a un educador llamado James Aggrey, el cual era natural de Ghana, pequeño país de Africa occidental, y quizá ya es conocida; pero me he permitido el  agregado de mucho más diálogo en los personajes, el que fue extraído de mí propia experiencia, para darle el propósito que he deseado, y hacerla de manera especial para todas las águilas criadas como gallinas.

En realidad en lo personal ya hace mucho tiempo que comencé a interesarme por el mundo de las águilas en forma  exhaustiva, si bien hacía mucho más que ese tiempo, que  había en mi corazón un deseo de investigar sobre ellas, a tal punto fue esto, que conociendo mi esposa este interés, me regalo un hermoso adorno que tiene un águila dorada en pleno vuelo el cual fue el inicio de la obtención de otros objetos que tenían como distintivo, un águila.

Las águilas hacen sus nidos en lo alto de las montañas o montes, en hendiduras de peñas bien abrigadas, o en las puntas mas elevadas de árboles, allí donde nadie  puede llegar.

Ellas, siempre son cuidadosas en la construcción de su hábitat.

El casal de águilas, o sea, la pareja,  mantiene una relación de pareja y fidelidad para toda la vida. Juntos cazan, juntos construyen el nido, juntos incuban los huevos, y juntos buscan el alimento para los pichones. Y también algo extraño, así como es entre los humanos, sus relaciones amorosas no se limitan sólo para reproducirse, sino la realizan en toda época del año, como una expresión de compañerismo amoroso.

Pero entrando ya en la historia, quiero contarles que había una vez un pequeño polluelo de águila que debido a un sacudón producido en las alturas, una roca se desprende de la parte mas elevada del monte, y hecha a rodar por el piso a este pichón, que queda muy mal herido.
Era una tarde que ya estaba llegando a su fin de un verano muy caloroso. Un embalsamador que volvía de su caminata diaria por el lugar, se encuentra de pronto con este pichón de águila herido en todo su cuerpo,
ya que la caída de lo alto había sido grande.


Parecía muerta.


Recogiéndola con cuidado pensó: “Voy a llevarla para que, luego de muerta pueda embalsamarla, ya que es un ejemplar casi en extinción”. Su alma se llenó de pena por ella ya que estaba próxima a su fin. Llegando a su casa la colocó tiernamente debajo de una cesta, y se dijo un poco resignado:
“Mañana voy a embalsamarla, ¡aunque pequeña, va a ser un ave soberbia que llenará de grandeza cualquier salón! ”.

Al día siguiente tuvo una grata sorpresa. Al retirar la cesta, percibió que el águila se agitaba levemente.

Las garras todavía nuevas, estaban cerradas. Mirándola mejor, pudo confirmar que tenía heridas en varias partes del cuerpo, pero además, compobró con sorpresa que el águila estaba ciega.

Nuevamente sintió mucha pena por la joven águila y no quiso sacrificarle. Pensó en darle una oportunidad más, y a partir de allí, comenzó a prodigarle muchos cuidados y cariños.

Ella, sin embargo, reaccionaba poco. No buscaba comida, ni andaba. Como se la ponía, así quedaba.

SIN LUZ, Y SIN EL SOL AMANECIENDO SOBRE SUS OJOS, ¡EL AGUILA NO ES AGUILA.!

Todo los días,  el embalsamador le cortaba trozos de comida y la alimentaba con dificultad, ya que ella no quería comer. Su caída había sido grande y sus heridas profundas.

Después de un tiempo bastante prudencial, este embalsamador percibió que los sentidos del águila despertaban a la vida. Los oídos reaccionaban a la presencia de aquél que la alimentaba moviendo  sus alas  y estirándolas alegremente.

Después, comenzó a moverse por sí misma. Por fin recuperó su propia voz, y comenzó a emitir el clásico sonido del águila: Ya se  podía escuchar claramente su típico kau-kau

Andaba ya por la casa y aún por el jardín, aunque tropezaba continuamente ya que, lamentablemente seguía estando ciega.

Los ojos, son todo para el águila. Su mirada penetrante ve ocho veces más que el ojo humano.

La retina de su ojo trabaja en parte monocular cuando se orienta a cosas cercanas, y es binocular en las cosas lejanas.

Ven y controlan todo, porque pueden girar su cabeza 180 grados. Distinguen el hocico de un conejo que espía  desde su cueva, a mas de 1600 metros de distancia.

Pero continuando con la historia, por fin, el embalsamador decidió colocarla junto.... a las gallinas ya que veía que estaba un poco mejor.

¡¡¡PERO... UN AGUILA NO ES UNA GALLINA....!!!

 Aunque no se puede dejar de reconocer, que la gallina, puede provocarla para que por lo menos viva. Y así fue como la joven águila, siguió siendo criada con las gallinas.

Durante mucho tiempo circulaba entre ellas, ciega y siendo alimentada por aquel que le salvó la vida.

Se le hacia difícil poder caminar, ya que sus patas, no fueron hechas para andar mucho por esta tierra. Picoteaba aquí y allá como hacen las gallinas, pero sin poder ver.

Pero sucedió que, un bello día, el embalsamador se dio cuenta de un milagro. El águila veía. ¡Si veía!, ya comenzaba a distinguir los alimentos. Sus ojos eran enormes.

Al fin el águila, se recuperó totalmente. Ya estaba curada y perfecta.

Después de varios meses de paciente cuidado, recuperaba su cuerpo de águila.

Aunque, había ocurrido algo; a fuerza de vivir con las gallinas “se convirtió” ella también en gallina. Vivía como las gallinas, picoteaba como las gallinas, dormía en el gallinero.

El embalsamador de aves, ocupado en su oficio de embalsamar aves, ya se había acostumbrado a ver al águila - gallina entre las demás gallinas, por lo que se olvidó de ella.

El águila había recuperado su cuerpo, pero le faltaba recuperar algo más, su corazón...., ¿habría perdido su corazón de águila?.

Cierto día, sobrevoló el gallinero un Aguila espectacular, se diría la más imponente de todas las Águilas. Al percibir el agitar de las alas en el cielo, la naturaleza del águila en el gallinero, se conmovió.

El águila - gallina estiraba las alas, sacudía la cola y ensayaba pequeños vuelos. El sol comenzaba despertar en sus ojos. Su corazón de águila volvía a latir poco a poco.

Cada vez que ésta Majestuosa Aguila revoloteaba el gallinero, su corazón de águila se agitaba un poco, pero enseguida.... volvía a su segunda naturaleza de gallina.

En ese momento, el embalsamador comenzó a darse cuenta de esas pequeñas señales.

Se dijo así mismo: Un águila siempre es un águila. Ella posee una naturaleza distinta.

Tiene alturas dentro de sí. El sol habita en sus ojos. Está hecha para el cielo abierto. No puede quedarse aquí abajo en la tierra, presa en el suelo, como las gallinas.

Pasado el tiempo, el embalsamador recibió la visita de un pastor de ovejas muy amigo.

Conversaron sobre las aves de la región y fueron a observar a aquella águila convertida en gallina.

El pastor reiteró lo mismo: “ ¡El águila jamás será gallina. Ella posee un corazón y éste, es de águila. Este corazón la hará volar. Ella debe ser plenamente águila!”.

Allí mismo decidieron hacer una prueba. El embalsamador protegido por un cuero que le cubría todo el brazo tomó al águila, la posó sobre él, y animado por el amigo pastor le habló con voz imperiosa diciéndole: “¡Aguila usted nunca dejará de ser águila!. Ud. ya sobrevivió a tantas desgracias, a tantas heridas. Ud. creció. Ud. recuperó un día sus ojos, y hoy puede ver. Ud. está hecha para la libertad y no para el cautiverio. Entonces.... extienda sus alas y vuele hacia lo alto!”.

El águila parecía atontada por la orden y no hizo ni siquiera un movimiento. Al mirar alrededor de sí, viendo las gallinas comiendo mijo, se dejó caer pesadamente del brazo y se sumó a ellas.

Alentado por el pastor,  que le decía:  “Un águila tiene dentro de sí un llamado del infinito. Su corazón siente los picos más altos de las montañas. Por mas que sea sometida a condiciones de esclavitud, nunca dejará de oír su propia naturaleza de águila, que la convoca a las alturas y a la libertad”.

Al día siguiente, tomó al águila sacándola  del gallinero. Y nuevamente poniéndola sobre su brazo le volvió a decir,  ya ahora  en la terraza de su casa. “Aguila Ud. será siempre águila, ¡despierte de su sueño, por favor!. Libere su naturaleza hecha para las alturas. Deje que el sol nazca dentro de Ud. Abra las alas y vuele”

El águila... bueno, el águila parecía aún más tonta y distraída que antes frente a palabras tan conmovedoras.

 Miró otra vez hacia  abajo; vio a las gallinas picoteando el suelo, bebiendo de las aguas de la tierra, y pese a que el embalsamador la arrojó desde la cima con la esperanza que volase, nuevamente se dejó caer  pesadamente, volando, apenas unos metros.

Esta acción fue reiterada varias veces con gran paciencia pero, no hubo caso.

Después de un rato se dijeron. “Efectivamente, por lo visto en ésta gallina  - águila, la gallina parece triunfar”.

Pero al otro día, el pastor recordó la importancia del sol en los ojos del águila. ¡Ella es hija de una luz mayor recordó!.

A las águilas desde pichones, sus padres les enseñan a absorber toda la luz del sol por medio de los ojos, y es acostumbrada, al resplandor de la luz mas fuerte que se puede recibir en esta tierra, la del sol.

Se dijo, ¿será solamente este sol  el que acaso le devuelva la identidad perdida, y quien reanime su corazón adormecido?.

Al día siguiente, bien temprano, se levantaron antes que saliera el sol.

Parecía ser un amanecer espléndido.

Una hilera de montañas se destacaba contra el fondo rojo del cielo y ya los primeros rayos, doraban la cima de las rocas.

Hacia allá se dirigieron el embalsamador y el pastor, llevando consigo al águila - gallina.

Cuando llegaron a lo alto, el sol ya despuntaba.  Los rayos eran dulces y bañaban con su luz armoniosa todo el lugar.

 Esta vez fue el pastor el que tomando fuertemente al águila y ante la mirada atenta y  confiada de su amigo le dijo:

Aguila Ud. es amiga de las montañas e hija de la luz, yo se lo suplico, despierte de su sueño. Es su tiempo  revele su fuerza interior, reanime su corazón en Ud. y póngalo en contacto con las alturas.

Abra las alas que les fueron dadas y vuele hacia las alturas”.

El águila se mostró sorprendentemente alterada, parecía “volver en sí después de un largo tiempo de olvido”. Miró a su alrededor. Vio las montañas y se estremeció en su interior. Pero aún, todo su ser parecía paralizado.

De repente, como guiado por un impulso que venía mas allá de sus fuerzas, el pastor tomando fuertemente con sus dos manos al águila,  la sostiene por la cabeza en dirección hacia la potente luz que venía de lo alto y era irradiada por el sol.

¡Los ojos del águila se iluminaron. Un brillo espectacular destelló sobre ellos!.

En ese instante con voz fuerte el pastor le dijo:  

¡AGUILA USTED NUNCA DEJO DE SER AGUILA USTED PERTENECE AL CIELO, NO A LA TIERRA!.

¡MUESTRE AHORA QUE USTED ES EN VERDAD UN AGUILA!.

¡ABRA SUS OJOS BEBA DE LA LUZ, EXTIENDA SUS ALAS!.

¡¡¡ AAAGUILAAAAAAA....... VUELEEE, VUELEEE....!! ”.

Repentinamente el águila se irguió soberbia sobre su propio cuerpo. Estiro su pescuezo hacia el frente y hacia arriba como para medir la inmensidad del espacio.

Todo su plumaje tomó un brillo especial iluminado por el sol que daba sobre todo su ser; y extendiendo sus alas majestuosamente, voló en dirección hacia la luz más brillante.

Tomando las corrientes del viento, aprecio su naturaleza distinta, y conmoviéndose en su interior por su visión de luz que la atraía…. Subió, subió y subió en pos de esa Luz mayor que encendió todo su ser.

Entendió que su corazón había sido llamado para estar en las  alturas. Que la Luz en sus ojos es todo y que, en las alas del viento que no sabe de donde viene  y a donde va, podía ser llevada a la verdadera libertad.

Y transitó una senda que nuca ave recorrió. Y al llegar y cruzar los portales de Luz de un cielo nunca visto e imaginado, bajo sus alas, y reposando todo su ser, figura de hombre tomó.

Y recién allí vio unos brazos… como enormes alas que estaban bajos sus pies y “conoció que, pese haber sido encontrada en tierra desierta, El Señor la rodeó, cuidó de ella y la guardo como a la niña de sus ojos. Como águila que excita su nidada, revoloteando sobre sus pollos, así El también extendió sus alas, la tomó y la llevó sobre sus plumas. La hizo subir sobre las alturas de la tierra...” Dt. 32: 11-13.

Y esa Luz mayor que fue el atraer de su visión en todo su recorrido, la cubrió, tornándose ya, en su vestidura.

Después de acontecido esto, aquellos que transitan esos “montes” y valles, dicen ver una silueta semejante a la de un águila en vuelo y oír el reverberar de una voz que nos cesa de decir día y noche:

“Santo, Santo, Santo, es El Señor Dios todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir”

Apocalipsis 4: 7-8

 JUAN CARLOS FARIA

 

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