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Pastor J.C. Faria


¿ COMO  REACCIONAS  ANTE  LAS  ESPINAS ?

por el Pastor J.C. faria

  

Quisiera compartir con Uds. un  pensamiento que fue extraído de la lectura de un anónimo. No por lo breve deja de encerrar un gran principio divino que hablará a nuestros corazones

 

El Libro de 1ª Corintios  en su capítulo 4.4.nos dice:

Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. 4Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. 5Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

 

El hombre se acercó al zarzal, alzó la mano para tocarlo y hubo un ¡Ayyy! en su boca y un hilo rubí que corría por su dedo. ¡Que ocurrió?. Se encontró con una espina... y la espina lo hirió.

El Hombre se enjugó la sangre y mirando fijamente hacia el zarzal le dijo:

- Te perdono.

Viendo la acción admiré y bendije en mí, a aquél hombre con el dulce don de perdonar.

Aconteciendo este hecho, he aquí que vino otro hombre y se paró junto al zarzal. El también alzó su mano para tocarlo, y nuevamente, la espina del zarzal hirió, mas el hombre sólo se enjugó su herida, quedó viendo con amor la espina, pero no  le dijo “te perdono” y siguió su camino.

Yo pensé:

-          Aquel primer hombre era un Santo. Sabía perdonar. Este último, en cambio, no sabe cuan dulce es ese camino.

En ese instante Mí Señor me interrumpió:

-          Quien nada sabes eres tu.

-          ¿Cómo, Señor?..... ¡Aquél primer hombre es...!

-          Si, aquél es un Santo, porque cuando fue preciso perdonó.

-          ¿Y este Señor...?

-          Este es más Santo aún, porque no le es preciso perdonar.

Quedando realmente perplejo por la respuesta del Señor, con una vaguedad incomprensiva en los ojos,.. El me explicó:

-          La espina hiere, porque es espina. Aunque quisiera no podría perfumar, simplemente... porque esa es su naturaleza. El primer hombre sintió el dolor de la punzada y como no sabía, juzgó culpable a la espina y del hecho, se ofendió, mas como era de corazón limpio... perdonó.

-          El otro sintió dolor, pero como sabía que toda espina punza, porque por eso es espina, no nació en él ofensa alguna.

Después de ese día que El habló (otro más que se sumo a Sus tantos susurros) sufro menos cuando cardos o espinas me hieren. Duéleme la herida, pero como mi alma sabe, no hay ofensa, y como no hay ofensa, no hay nada que perdonar. En este cambio... fluye amor piadoso para la espina, ya que esa es su naturaleza, hasta que llegue el día de su metamorfosis en el tiempo del Señor... y la espina... conceda su flor.

Me preguntarás: ¡pero hay dolor en la herida!!... toda herida conlleva dolor, pero sabes... no sólo aprendí a perdonar, sino también a comprender.

 

Dios lo bendiga


 

 JUAN CARLOS FARIA

 

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